Te lo dije Conill…

Érase una vez, un conejo llamado Conill que tenía muchas ganas de ir a jugar con sus amigos. Le preguntó a su mamá si podía ir con ellos pero mamá conejo lo dudó un segundo:

– ¿Dónde están jugando tus amigos? —le preguntó.
– Están en casa de Rabbit —contestó Conill.
– ¡Pero la casa de Rabbit está muy lejos de la nuestra! Yo no puedo acompañarte ahora, ¿tú sabes llegar?
– No… pero si me dices cómo hacerlo seguro que no me perderé —respondió Conill.

caminoMamá conejo le explicó que el camino que debía tomar se partiría en dos senderos, uno corto y muy peligroso por el que le prohibía rotundamente ir y otro más largo en el que no correría ningún peligro. La casa de Rabbit se veía al fondo del camino largo con lo cual no había pérdida. Mamá conejo confiaba mucho en él, sabía que era muy responsable y que no le desobedecería.

Conill salió de casa muy contento, empezó su camino y cuantas más ganas tenía de llegar, más lejos le parecía ver la casa de Rabbit. En ese momento, el camino se partió en dos tal y como le había dicho su mamá, ella le había prohibido ir por el camino corto pero Conill tenía tantas ganas de llegar que lo olvidó, -seguro que no me pasará nada —se dijo a sí mismo.

liebreCuando empezó a andar por el nuevo camino, se sentía muy tranquilo, el paisaje era el mismo que en el camino largo, la casa de Rabbit continuaba viéndose al fondo del horizonte pero ahora parecía estar mucho más cerca. De repente, comenzaron a oírse ladridos de perros, voces de hombres y un estruendo -pum, pum- A Conill se le erizó el pelo. El camino comenzó a ser irregular y montañoso, la casa de Rabbit desapareció del horizonte y Conill empezó a sentir miedo. -¿Por qué no hice caso a mi mamá?, tengo mucho miedo —se repetía. Entonces, vio a una liebre corriendo asustada:

– Perdona liebre, ¿qué es ese ruido tan terrible que se oye? —le preguntó.
– ¡Son los disparos de los cazadores! —gritó la liebre.

cazadorConill se escondió detrás de un arbusto y empezó a temblar. -Apenas estoy en el principio del sendero, aún puedo retroceder y coger el camino correcto —pensó. En ese momento, los disparos se alejaron así que Conill retrocedió y comenzó a correr. Cuando llegó al camino largo su mamá estaba esperándole;

– ¿Por qué no me hiciste caso? —le dijo. Llamé a Rabbit y me dijo que aún no habías llegado así que vine a buscarte.
– Mamá perdóname, no lo volveré a hacer, sé que me he equivocado —dijo Conill.
– Sí, te has equivocado porque cuando yo te prohíbo hacer algo es porque sé que eso no es bueno para ti —contestó Mamá. Al menos has rectificado a tiempo.


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