La mariquita Pitirrú

Pitirrú es una preciosa mariquita que adora bailar sevillanas, motivo por el cual sus lunares son blancos, en lugar de negros, pues se los pinta diariamente para parecer una bailarina sevillana.

Pitirrú tiene cuatro alas con las que vuela y una sola pata para caminar. Debería tener seis pero sólo tiene una. Pitirrú adora bailar y lo hace dando vueltas sobre su única pata.

Un día que Pitirrú creía estar sola, voló hasta posarse encima de una flor donde comenzó a bailar como si fuera una gran artista. De pronto escuchó carcajadas, al girarse vio a todas sus vecinas mariquitas señalándola, cuchicheando y riéndose. Entonces, perdió el equilibrio pero antes de caer al suelo echó a volar y agachó sus antenas. Lo hacía siempre que se sentía triste y humillada.

nina-mariquitaMientras se alejaba volando escuchó una melodía, siguió el sonido hasta encontrarlo y vio a una niña delgadita, tan guapa como una flor, que bailaba con energía moviendo el brazo hacia arriba. Pitirrú quiso acercarse más para verla mejor pero chocó contra el cristal de la ventana, pues no lo había visto, y cayó al suelo. La niña, que se llamaba Marta, oyó el golpe y se asomó a la ventana. Al hacerlo vio a Pitirrú tendida en el suelo. La cogió con la yema de un dedo y le sopló con dulzura para despertarla. Pitirrú se despertó al fin y al ver los ojos brillantes de Marta y su sonrisa, sus antenas se elevaron. Estaba feliz y contenta, por primera vez alguien le miraba con cariño.

– ¡Qué bonita eres! —dijo Marta.
– Mis vecinas no creen eso —respondió Pitirrú.
– ¿Por qué dices eso? —contestó Marta.
– Mira, ¿no ves que sólo tengo una pata? —añadió Pitirrú.
– ¿Y eso qué más da? ¡Si tienes alas para moverte! ¡A mí me pareces preciosa!

Entonces, Pitirrú le contó a Marta que quería ser bailarina y, por ese motivo, se disfrazaba de sevillana aunque sabía que nunca podría bailar bien porque sólo tenía una pata. Marta, tras escucharla con atención, se puso de pie, encendió de nuevo la música y encogió una de sus piernas poniéndose a la pata coja. Después, comenzó a bailar, a saltar, a dar vueltas y a mover todo su cuerpo. Pitirrú no tardó en animarse; desplegó sus alas y empezó a aletear, a mover las antenas y a dar patadas con su única pata. Ambas se divertían y reían a carcajadas cuando, de repente, escucharon otro golpe. Se asomaron de nuevo a la ventana y vieron un montón de mariquitas en el suelo, unas encima de otras. Eran las vecinas de Pitirrú. La habían seguido para continuar burlándose de ella pero, del asombro que les produjo verla tan feliz, chocaron contra el cristal de la ventana.

Marta fue rápidamente en su rescate y Pitirrú, que al principio se resistió a ayudarlas, acabó haciéndolo también. Mientras iban levantándose, vieron que una de ellas había perdido una antena con el choque, otra había perdido tres lunares negros y la otra se había quedado sin alas. Las mariquitas se sintieron tristes y miraron a Pitirrú, esperando sus burlas. Pitirrú, sin embargo, intentó animarlas – ¿queréis que bailemos juntas? —dijo. Marta las invitó a entrar a su casa y pronto se olvidaron de lo que les acababa de pasar. Comenzaron a bailar sevillanas con Pitirrú y se dieron cuenta de lo divertido que era.

Ese día, las mariquitas aprendieron una lección: nunca debes burlarte de los demás para que los demás nunca se burlen de ti.


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2 comentarios en “La mariquita Pitirrú

  1. los cuentos estan muy hermosos todos te enseñan una leccion y a mi hija le encantaron todas se quedo quieta y sin interrumpir para no perder ni un solo detalle

    • Muchísimas gracias por tu comentario Sonia. Para los hijos es muy bonito que sus papás les lean cuentos no sólo por lo que aprenden sino porque es un momento especial que disfrutan juntos. Si tú o tu hija tenéis alguna petición para próximas cuentos, estaré encantada de recibirla. ¡Un abrazo!

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