El hogar de Drop

NubeÉrase una vez una gotita de agua llamaba Drop que admiraba las estrellas.

Drop vivía con un montón de gotitas en una gran nube que viajaba por el mundo. Cada día, nuevas gotitas llegaban y se quedaban a vivir en la nube. Otras se descolgaban al encuentro de un hogar mejor.

Drop, arco iris, nubeDrop había visto el mundo entero desde el cielo; océanos, mares, continentes, islas grandes y pequeñas… Además, había tocado el arco iris, conversado con el sol y dormido con la luna. Sin embargo, de todo cuanto había visto, lo que más le fascinaba eran las brillantes estrellas. Drop soñaba con convertirse en una de ellas.

Un día de invierno, el viento empezó a soplar con mucha fuerza provocando que la nube en la que vivía Drop se desplazara velozmente por el cielo. La pequeña gota de lluvia se sintió insegura.

– Tal vez este sea el momento de mi descuelgue —pensó.

Y como si el viento hubiera oído su pensamiento, dijo dirigiéndose a ella:

– Hoy viajarás a tu nuevo hogar.
– ¡Quiero permanecer aquí en el cielo! ¡Este es mi hogar! —respondió Drop.
– Allí serás quien sueñas ser —añadió el viento ignorando las palabras de la dulce gotita.
– ¡Yo quiero ser una estrella! —dijo Drop con indignación—. Y las estrellas viven en el cielo.
– Te equivocas pequeñita, hay estrellas que caen de las nubes en invierno. Serás preciosa como ellas —dijo el viento sonriendo.
– ¡Yo soy una gotita de agua! Transparente y puntiaguda. No brillo y tampoco soy preciosa —refunfuñó Drop.
– Detén un momento tu enfado y mira hacia abajo. He soplado bien fuerte hasta alcanzar el Polo Norte. ¿No sientes el frío? El suelo ya no es verde ni marrón ni azul, sino blanco. Todo está cubierto de gotitas de agua helada con forma estrellada. Salta sin miedo. Allí abajo, en tu nuevo hogar, se harán realidad tus sueños —insistió el viento.

Drop con los ojos cerrados

Drop cerró los ojos y saltó. Pronto comenzó a sentir mucho frío, todas las partes de su cuerpo se helaron de frío.

Cuando dejó de notarlo, abrió los ojos. Ya estaba muy cerca de su blanco hogar. Por casualidad, se vio reflejada, como en un espejo, en un lago de hielo. Lo que vio le fascinó; ya no era una gota puntiaguda, ahora era un copito de nieve, precioso y muy parecido a una estrella. Miró a su alrededor, todas las gotitas que habían saltado con ella eran ahora preciosos copitos de nieve con forma estrellada. Drop se sintió muy feliz.

nevando


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