Calamaro se aburre como una ostra

Calamaro era un calamar que vivía en el Mar Mediterráneo. Pasaba todo el invierno esperando a que llegara el verano pues, en verano, jugaba a asustar a los humanos nadando alrededor de sus piernas. De esta manera lograba sentirse el rey de la playa. En invierno, sin embargo, no tenía nada divertido que hacer, sólo comer y vagar a sus anchas por el agua. Siempre había oído decir a los mayores, -pobre Calamaro, parece que en invierno se aburre como una ostra-. Nunca había conocido a una ostra motivo por el cual no sabía qué quería decir esta expresión. Un día, cansado de no saber qué contestar, se animó a preguntarle a su madre;

– Mamá, ¿qué es una ostra? —le preguntó.
Su madre sonrió.
– Es un animal marino, vive en el mar como tú pero no puede moverse.
– ¿Cómo que no puede moverse? —respondió asustado Calamaro.
– Ninguna ostra puede hacerlo hijo, apoyan su concha en el suelo y ahí se quedan.
– ¡Pobrecita ostra! —pensó Calamaro— Y ¿dónde viven? —añadió.
– En este mismo mar he visto varias. Normalmente pegadas a las rocas —respondió.

Calamaro se quedó pensativo, -¿cómo no iban a aburrirse si no podían moverse? —pensó—. Tal vez si él las encontraba podría llevarlas a pasear y enseñarles los secretos del mar. Seguro que eso les haría muy felices. medusaAunque para ir a nadar por las profundidades, mejor no ir solo. -¿Y si invito a alguien a venir conmigo? —pensó. ¡Ya está! Se lo diré a Jelly La Medusa, ella es realmente simpática aunque tiene muy mal genio y es venenosa pero si no la hago enfadar todo irá sobre tentáculos. —se dijo a sí mismo. Justo en ese momento, apareció a lo lejos Jelly La Medusa:

– ¡Jelly, amiga, ¿cómo estás?!
– ¿Ho-hola, amiga, a mí, me dices a mí? Estoy bien, sí, bien, aburrida como una ostra.
– ¡Qué suerte que utilices esa expresión!, ¿no te dan pena las otras?, creo se aburren mucho, ¡más que nosotros! ¿Sabes que no pueden moverse? Había pensado en ir a su casa para llevarlas a dar un paseo. Así me divertiré yo y se divertirán ellas. ¿Quieres venirte conmigo?
– ¿Yo? ¿Con-contigo? ¿Tú y yo? Sí, sí quiero pero ¿tú sabes dónde viven?
– No tengo ni idea, pero estoy seguro de que las encontraremos pronto. Mi madre me ha dicho que viven pegadas a las rocas… Ahora me tengo que ir, ¿salimos a buscarlas mañana por la mañana?
– Sí claro, mañana por la mañana.

Al día siguiente, Calamaro se levantó muy temprano. Mientras se hacía la mochila oyó gritos fuera de casa.

– ¡Ca-ca-calamaro! Las he encon-contrado, corre, corre —gritaba Jelly la Medusa.
– Hola Jelly, tranquila, ¿qué pasa?
– Sé dónde hay os-os-os-ostras —dijo Jelly.
– ¿De verdad? —contestó Calamaro— cojo mi mochila y salgo pintando.

Calamaro siguió a Jelly La Medusa durante una larga hora.

– ¿Cuándo llegaremos? —preguntó Calamaro.
– Creo que era por aquí —contestó Jelly.
– ¿Cómo que crees? ¿Estamos perdidos?

De repente, el agua comenzó a ponerse turbia y un banco de peces nadaba a toda velocidad en dirección contraria a la de Calamaro y Jelly.

– Esto no me gusta nada —dijo Jelly.
– Pececito, ¿por qué nadáis tan rápido? —preguntó Calamaro.
– ¡Un tiburón nos persigueee! —contestó el pececito.

tiburonCuando quisieron darse cuenta, el tiburón estaba encima de ellos, Calamaro estaba atemorizado y comenzó a escupir tinta negra, es lo que hacía cuando quería defenderse. La tinta se le metió en los ojos al tiburón y mientras se los rascaba para intentar quitársela, Jelly la Medusa se subió encima de él, pegó sus tentáculos en la piel del tiburón y expulsó todo el veneno que tenía dentro. El Tiburón empezó a rascarse sin parar y así pudieron escapar. Calamaro se quedó asombrado con la valentía de Jelly la Medusa -qué valiente eres amiga, gracias por protegerme —dijo Calamaro.

ostraEn ese momento comenzaron a oírse aplausos, -bravo, bravo, sois muy valientes- se oía. Pero por más que Calamaro y Jelly buscaban no sabían de dónde venía la voz. -Estamos aquí, aquí abajo —añadían. Calamaro y Jelly se sumergieron hasta tocar el suelo y, de pronto, vieron una roca con un montón de ostras en su superficie.

– Sois muy valientes, chicos, esa ha sido la experiencia más divertida de hoy —dijeron.
– ¡Sois ostras! —exclamó Calamaro. Hemos venido a salvaros del aburrimiento, ¿queréis que demos una vuelta todos juntos?

Las otras se miraron unas a otras, no era la primera vez que un pescado trataba de salvarles del aburrimiento pero es que ¡ellas no se aburrían! Las ostras agradecieron a Calamaro y a Jelly que hubieran pensado en ellas pero les contaron que a pesar de estar pegadas a una roca nunca se aburrían, estaban todas juntas, hablaban las unas con las otras y, además, no dejaban de pasar peces por allí, cada uno con una nueva historia con la que entretenerles.

Calamaro y Jelly se quedaron sorprendidos y decidieron pasar todo el día con ellas al lado de la roca, así pudieron comprobar que era posible divertirse aunque no se movieran del lugar y siempre que tuvieran a alguien al lado con quien compartir el momento.


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4 comentarios en “Calamaro se aburre como una ostra

    • Muchas gracias por tu comentario, Gloria. Próximamente publicaré nuevos cuentos y artículos. Si tienes alguna sugerencia o petición, estaré encantada de recibirlas.

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